martes, 18 de febrero de 2014

Isla de Mussulo

Buenos días a todos!

Después del atasco rutinario de cada mañana, pasamos a una nueva entrega del blog...

Hoy vamos a hablar de nuestra fiesta de este fin de semana pasado en la Ilha de Mussulo. Para empezar, hay que aclarar que no es una isla, es una península, como se puede apreciar en la siguiente toma por satélite de Google Maps.


El viernes no salimos, con lo que nos fuimos pronto a la cama y el sábado a las ocho estábamos en pie. Despúes de estar liados con las tareas del hogar y comer espaguetis boloñesa como si no hubiera un mañana, nos quitamos el delantal y nos subimos en el cacahuete (nuestro coche) cargados con una tienda de campaña a medio abrir, nevera azul y blanca y domingueradas varias. Llegamos al embarcadero y dejamos el coche a cargo de un joven que no inspiraba mucha confianza, pero en peores plazas habíamos toreado.

Al fin, tras una larga espera de unos 15 minutos, conseguimos subir a una barca (...) y llegamos a la península. Mussulo es una de esas playas que, teniendo un paisaje paradisiaco, estaba cubierta de una capa de mierda bastante importante. Aunque cuando llevas aquí ya un mes y 9 días ya no te das ni cuenta... No quería contarlo, pero tengo que decir que una de las tiendas estaba medio abierta porque la abrimos para probarla el día anterior y no conseguimos volverla a guardar... Así que no hizo falta ni sacarla: se sacó sola. La otra "tienda", que no nos atrevimos a probar, era sólo una funda protectora para la lluvia. A punto de tirar la toalla, nos pusimos el disfraz de arquitectos, conseguimos hacer "un Santiago Calatrava", y la dejamos muy bonita por fuera y "de no tocar", pero luego no tuvimos huevos ni de mirarla. Abajo la foto.


El fail fue tapar la tienda "buena"

La otra posibilidad era quedarse a dormir en el resort del fondo de la imagen, pero hay que recordar a los lectores que somos los pobres del lugar. Nos juntamos unos 35, entre españoles expatriados, angoleñas, caboverdianas y monzambiqueñas, hambrientos de carne (de la barbacoa) y sedientos de cervezas y gintonics. El motivo, la celebración de cumpleaños de Ramón y Adrián, dos viejos expatriados (que no expatriados viejos).

En honor a la verdad, hay que decir que no fue la típica fiesta de instituto americano, pero tampoco se quedó corta. A mitad de la noche nos quedamos sin música y cuando parecía que todo iba a terminar, una señora a la que nadie conocía, y que tenía un escote que se le veían los tobillos, nos invitó a seguir la fiesta en su casa, donde todo abundaba. Sin ir más lejos, un servidor -que ya no tenía con qué acompañar la coca-cola- acabó con las existencias de Chivas 12 años.

La gente, como nuestros recuerdos de esa noche, se fue retirando poco a poco. Cuando volvía a "casa" con Aritz pasamos por una pista de baile iluminada y con música, aunque vacía. Nuestro vasco sacó toda su magia bilbaina y se pudo comprobar que si está en Angola y no en "Mira quién baila" es porque quiere: acabamos (más él) rodeados de una cohorte de negritos envidiosos de nuestro estilo.

Después de hacer la croqueta por la playa, un bañito con la camisa puesta e intentar torear una cabra que pasaba por ahí, la noche -como todo lo bueno- acabó.

Como es normal, nos despertamos con el sol entre las pestañas y volvimos a nuestra casa de verdad con el primer cayuco de la mañana. Alguien dijo ayer que "cuando uno echa de menos dormir en su casa del extranjero, aunque no sea su casa original, ya está plenamente instalado". Más razón que un santo, o eso parece.

¡Hasta la próxima entrega! (Que todos esperamos que escriba JB)

F.

martes, 11 de febrero de 2014

Seguimos aprendiendo...

Bom día,

No seré yo el que escriba sobre el bangao, ese españolito de blanca tez y curioso caminar, que va rompiendo corazones por allí por donde pasa. Pienso que  estas cosas se deben de escribir en primera persona.

Me toca matizar que el Vasco, el de los yogures pascuales, al que nos referimos en la primera entrada del blog, y el vasco al que se hace referencia en el título, no son ni de lejos la misma persona. Los separan unos 45 años de experiencia en la vida, unos cuantos yogures y otras muchas cosas más.

Que el título del blog sea tres ICEX y un vasco tiene su explicación. En la memoria de esta OFECOME aparece bien claro que en 2014 van a tener 3 becarios ICEX y un vasco, y no del Gobierno Vasco. A los 4 nos hizo bastante gracia el comentario. Parece ser que un vasco no puede ser becario ICEX. Para nuestro caso en concreto, el título no es del todo incorrecto, somos 3 madrileños y uno de Bilbao, pero y si uno de los 3 ICEX fuese vasco? jaja. Nos han dejado a huevo el título del Blog.

Vamos a lo serio…

Una auténtica Keweseki
Sin duda, de esta experiencia en África aprenderemos a ser  pacientes. Queramos o no, aquí estamos obligados a ello. Paciencia es aprender a esperar cuando realmente no quieres. Tener paciencia es trabajar a 12 kilómetros de la villa donde nos alojamos y tener que salir todas las mañanas en coche a las seis y media para “asegurar” cumplir con el horario laboral. Pongo asegurar entre comillas, ya que a veces ni con esas llegamos a la hora. Sin ir más lejos, hoy sin motivo aparente, hemos tardado 2 horas en llegar, a una media de 10-15 km/hora. El récord esta en 2 horas y media. Ir a un restaurante y esperar a que te sirvan la comida una hora también requiere de mucha paciencia. Ritmo Africano, ya tu sabes.

Otra de las muchas cosas que vamos a aprender a valorar son aquellas cosas que antes de llegar aquí estábamos acostumbrados a hacer, aquellas cosas a las cuales quizá no dábamos especial importancia por ser habituales en nuestras vidas, pero ahora que ya no lo son, comenzamos a añorar.
El hecho de poder moverte con total libertad, no depender del coche constantemente, dar un paseo a cualquier hora del día sin estar en constante tensión, no estar pendiente de en que te gastas y te dejas de gastar el dinero. Decir que los precios en Luanda son exagerados es decir poco, se venden cuatro yogures Danone por 21 dólares (15 euros), un plato en cualquier restaurante no baja de los 18 dólares y por no hablar ya del precio de la ropa. Las galletas estilo Maria son nuestra salvación/perdición.

Echamos MUCHO de menos el  vitolar (potear) de bar en bar!!!.Donde están los bares? Aquí a la cerveza la llaman vitola. 
Y con esto me viene a la mente una anécdota que vivimos en un bar muy cerca de la oficina.
Eran las 5 de la tarde, y como viene siendo habitual, Vasco, el de los yogures pascuales, nos lleva a tomar unas cervezas. Pedimos 3 VITOLAS y el bangao 1 Gintonic. Hasta aquí todo normal hasta que media hora después nos aparece Bendita, la camarera del bar, con 3 platos combinados de carne, arroz y ensalada. Ante nuestra sorpresa, preguntamos a Bendita el porqué de estos tres platos. Nos dice que ella cumple órdenes, que el pedido era de 3 Vitocs!! (Un vitoc es un plato combinado de carne). Pongámonos en situación, son las 5 de la tarde, recién comidos, un calor africano que a las 7 de la mañana alcanza fácilmente los 27 grados, con 3 platos combinados sobre la mesa. No hacemos ascos, a merendar! Eso sí, aprendimos la lección, en este bar no se piden vitolas, se piden cervezas.

Y con esto ya hemos completado el cupo de las quejas, sabíamos a donde veníamos, turno para hablar de lo increíble que es el África que hasta ahora hemos conocido….próximamente en pantalla.
Meninos na Praia dos Surfistas
Praia dos Surfistas




Agur!

A.R.

lunes, 10 de febrero de 2014

Cumpliendo expectativas

Querido(s) lector(es):

Tal día como hoy, tres becarios y el vasco llegamos a Luanda. Bajamos del avión con dudas, acojonados, después de aterrizar sobre un mar de favelas o, como se dice aquí, musseques, pensando "dónde coño nos hemos metido!". Una hora en el control de seguridad, dos horas de coche deseando llegar a casa y... ¡por fin llegamos!

Se nos ha jodido el coche, hemos conocido playas paradisiacas, gente que nos trata como si fuéramos sus hermanos y Alguno que otro ha probado los encantos locales. Un día escribiremos una entrada sobre el bangao, ese españolito de curioso caminar, blanca tez y miedo al compromiso que va rompiendo los rojos corazones -bajo la oscura piel- de las zagalas locales.

Becarios en Praia do Santiago

Aquello que era una casa se ha convertido en un hogar, el vehículo con el que vamos a trabajar se ha convertido en nuestro coche y -lo más espectacular- empezamos a distinguir a los morenos, más allá que por su timbre de voz.

Hoy, un mes -y muchas experiencias- después, creo que todos nos alegramos de haber elegido este destino. Ha habido momentos buenos y momentos peores pero, al fin y al cabo, momentos. Experiencias que contar cuando volvamos a la madre patria y situaciones que nos van a ir puliendo hasta hacernos más fuertes y más conscientes de la fortuna que tenemos siendo de donde somos y teniendo lo que tenemos.

Hasta la próxima, ¡agur!

F.